Sentados los dos, en un lugar donde nadie los podía ver a la luz del medio día le pidió perdón y le juró que nunca más se lo volvería a hacer. Venía arrepentido de un camino recorrido y ella fingía una madurez que todavía no existía, intentaba con todas sus ganas esconder su debilidad ante él mientras trataba de entender el enorme deseo de besar sus labios. Construyó una pared para que él no la pudiera ver, que ingenua mujer, mejor que nadie él la conocía.Las preguntas más triviales decoraban el espacio en la calle y un olor a cigarro se iba desvaneciendo mientras ella detenidamente lo observaba sin que él se diera cuenta. Podía escuchar los latidos de su corazón y veía su voz quebrarse de nervios, jugaba con sus manos viendo el cemento. Los minutos pasaban y no parecían ser suficientes porque a pesar de los doce meses que ya habían pasado...se conocían: dos viejos amigos que se reencontraban. Dos almas que decidieron encontrase de nuevo en el mismo camino. La esperanza de que esta vez todo sería diferente y que él por siempre se quedaría la hizo aceptar. Que inocentes eran aquellos dos, inexistentes ahora. Una cálida sonrisa ella le dio, veía el rostro de él tal y como lo recordaba y no podía creer el suceso de aquel día y mucho menos no se imaginaba que en un futuro sería no más que un recuerdo fiel. Se pararon, caminaron juntos y a pesar de no ir tomados de la mano..se acariciaban sin tocarse porque se dice que cuando es amor no se necesita del contacto físico para sentirse. El sol quedaba detrás de ellos pero no, ellos no sabían que era el comienzo de su historia.
SJ
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